La gestión de activos fijos se realizaba de forma manual, con envío individual de documentos a cada colaborador.
Cada registro requería intervención humana, lo que generaba errores, retrasos y pérdida de control.
La firma y recopilación de los documentos era tediosa, dificultando el seguimiento y almacenamiento adecuado.
Los responsables de TI enfrentaban un proceso desgastante y propenso a errores administrativos.